Secretos del viaje: el placer de la bata

Todo viajero tiene su pequeña cosa secreta sin la que marchar, especialmente aquellos a los que les gusta viajar ligeros, o como a mí, por largos períodos. Es algo que metido en una esquina de la mochila tiene un significado especial. Una sensación de casa y de comodidad. Uno de mis grandes vicios es preguntar a la gente por sus secretos de viaje, habitualmente después de una cerveza o dos para que se relajen. Después de todo, el equipaje es una cosa personal.

Pensarías que la gente incluye artículos de lujo pero la realidad es más extraña e interesante que, digamos, un cubre pasaporte de cuero o unos gemelos.

Algunos de esos items imprescindibles para viajar que he escuchado:

Té inglés, un enchufe, una plancha de viaje. Caramelos. Medicamentos. Una taza en particular. Un pato de goma llamado Francis Drake.

Toda esta lista es aceptable (especialmente Francis Drake), pero se queda lejos de mi propio secreto particular de viaje: la bata.

La bata es útil, ya vayas a compartir un baño o ir a la piscina. Su uso es variado. Puede emplearse como toalla, como chaqueta o como bolsa para la colada. Casi como manta y como cortina.

Sin embargo, su valor reside en algo más allá de lo practico. Hay algo inexplicablemente lujoso en darte un garbeo por el hotel en un kimono, aunque te estés tomando un café instantáneo con leche en polvo. Una vez, vi una bata de baño (roja y de seda) en la ópera.

Elegir una bata no es fácil; tienes que encontrar la correcta para tu lista de viaje. La seda y el algodón son finos, ligeros y que se seca rápidamente, algo ideal si tienes espacio limitado en tu mochila y visitas países caros.

El mejor consejo es comprar la que te encante, ya sea una de estampado de cachemir o un kimono estilo vintage japonés. Una vez que empieces a llevarla no podrás parar.

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