Olimpia, donde los atletas se convertían en dioses

Olimpia se encuentra en un valle del noroeste del Peloponeso griego, a unos 30 kilómetros de la costa. El visitante se adentra por una carretera secundaria en una zona escasamente poblada para llegar a este sitio patrimonio de la UNESCO.

El dios griego Zeus fue motivo de adoración en Olimpia desde el siglo X antes de Cristo. Sin embargo, su verdadero auge llegaría con los juegos que le darían eterna fama desde el siglo VII AC hasta el siglo IV DC, cuando dejaron de tener lugar por la decadencia del imperio romano.

A Olimpia no solo acudían los mejores atletas de la civilización helena.  A lo largo de los siglos también los más descatados artistas griegos dejaron su sello en el santuario. Es el caso, por ejemplo, del escultor Praxíteles del que se descubrió su Hermes en una excavación en 1829.  La estatua dorada de Zeus, una de las 7 maravillas de la antigüedad con  sus 13 metros de altura, también fue creada para Olimpia. Sin embargo, esta obra del escultor Fidias, se perdió con el paso de los siglos. Se cree que fue llevada a Constantinopla donde se perdió en un incendio en el 475. Fidias llegó a tener un taller en Olimpia.

Hoy quedan las ruinas de los impresionantes edificios de aquella época. Entre los que merece la pena observar se encuentra el templo de Zeus, cuyas descomunales columnas fueron un modelo del orden dórico y que todavía se pueden ver en la actualidad. Otro de los restos más conocidos es el tempo de Hera donde se celebra cada 4 años el encendido de la antorcha olímpica, ceremonia moderna creada por los nazis con motivo  los juegos de Berlín en 1936.

Olympia Temple of Zeus

En la visita a Olimpia también hay que detenerse en el estadio, donde todavía se ven las marcas de los asientos reservados para los jueces y cómo se aprovechó de manera magistral las laderas cercanas. El arco por el que entraban los atletas hace pensar en lo sobrecogedor que tenían que ser aquellos momentos. En los juegos de Atenas en 2004 la prueba de peso se celebró en este antiguo estadio como memoria a los precursores del deporte.

Olympia ancient stadium

Olympia entrance to the stadium

La fama del santuario trascendió el mundo griego y fue continuada por los romanos. Una prueba de ello es que Nerón tuvo su propia villa, de la que quedan los vestigios, en el recinto. Nerón participó en los juegos del año 67 DC en las carreras de cuádrigas, donde hay versiones de que llegó a presentarse con 10 caballos a la salida cuando el resto de competidores solo podían hacerlo con cuatro.

No hay que olvidarse en la visita del estupendo museo construido junto al yacimiento arqueológico. Su colección de cascos o varias de sus monumentales esculturas no tienen nada que envidiar al museo de la Acrópolis y al Museo Nacional de Arqueología, ambos situados en Atenas. La joya del museo es Hermes de Praxíteles.

Olympia museum statues

Olympia Praxiteles Hermes

Al calor del turismo, se ha creado un moderno pueblo de apenas 1.000 habitantes en el que se puede pernoctar camino de la siguiente etapa. En nuestro caso, llegábamos procedentes de Esparta. Después de la visita a Olimpia continuamos con destino a Delfos.  Recomendamos visitar el lugar con tiempo de sobra ya que el yacimiento arqueológico requiere al menos una hora a la que hay que añadir otra para poder disfrutar del museo.

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