Florencia, la belleza de su comida

Muchos de los viajeros que pasan por Florencia visitan la ciudad por su arte, por su famoso Duomo y por el patrimonio de la ciudad como epicentro del renacimiento. Sin embargo, mientras paseas por las calles de la capital toscana, se empieza a percibir otro tipo de patrimonio. Uno relacionado con pequeñas rosquillas y embutido local. 

Aunque sus productos no son tan famosos como los del sur de Italia, Florencia tiene muchas delicias que ofrecer al visitante. Para descubrirlos nos apuntamos a un food tour de los que ofrece en inglés The Roman Guy

Nuestro punto de encuentro era el precioso arco de la plaza de San Pier Maggiore. Desde allí nos dirigimos al delicatessen que está justo enfrente y que solía ser el punto de peaje para los viajeros que entraban en la ciudad. En el primer piso hay un mostrador lleno de quesos, embutidos y otras delicias, pero no nos quedamos allí. Nuestra guía Mara nos pasa por debajo del mostrador hacia el sótano, lo que denomina entre risas la prisión antes de pasarnos unos vasos de vino y sabroso queso.

 

Pizzicheria Antonio Porrati

Probamos mozzarela, pecorino y scamorza entre otros quesos, mientras Mara nos cuenta que una oscura puerta formaba parta de una red de túneles subterráneos que llevaban al Palazzo Vecchio. 

Nuestra siguiente parada es Pane & Toscana, no muy lejos en la calle Borgo degli Albizi, donde probamos la delicia local llamada sciaccita, un fino bocadillo a base de pan florentino y  porchetta (carne de cerdo asada y enrollada).  Mara nos comenta que en la ciudad hay muchos lugares para probar este sabroso manjar, pero que la existencia de colas no siempre significa calidad.

Después de caminar este en dirección del mercado de Sant Ambrogio, nos paramos en un puesto callejero donde se trata de probar otro manjar local como es la tripa. Específicamente ha de ser el cuarto estómago de la vaca, señala Mara. Es el momento de preguntarse qué tipo de investigación determinó en su día que la parte a aprovechar era sólo el cuarto estómago. ‘La salsa estaría rica’, dice con cara de sufrimiento uno de los participantes en nuestra visita mientras pone cara de sufrimiento, ‘en cualquier otra cosa’. Sin embargo, la gente local no está de acuerdo y al puesto nunca le falta clientela que muestra su preferencia por los bocadillos de tripa. 

A la hora a la que llegamos los puestos de la parte al aire libre de Sant Ambrogio están prácticamente cerrandos, aunque todavía hay movimiento en su interior. Mara nos conduce a Rocco, un restaurante al estilo de una pecera en la que las mesas sólo tienen acceso desde las puertas de cristal que dan al mercado, dejando un pasillo interior por el que se mueve Rocco mientras lanza piropos a las clientas y reparte platos de pasta a todo el mundo.

Nos estrujamos para caber en una mesa corrida y una garrafa de chianti llega a la mesa inmediatamente, junto a lasaña al pesto, pasta con tomate y pappa pomodoro, un plato local de verduras y miga de pan. De segundo, toca rosbif y patatas.   

Paramos en la pasticcheria local para degustar torta Della Nona y tarta de pera y ricotta como paso previo al gran final de la jornada. En un instante nos plantamos en una cafetería local donde la especialidad son los coccoli – pequeñas rosquillas redondas – que se elaboran en el momento y se sirven a través de una cinta transportadora. Los clientes pueden rellenar sus coccolo con nata, chocolate o fruta. 

Así que unas 5.000 calorías después más o menos, nos despedimos del grupo y nos dirigimos hacia casa. La gran pregunta es si el tour ha merecido la pena.

Pensamos que sí, por los consejos, el ambiente amigable del grupo y las cosas que probamos y nunca hubiéramos descubierto sin Mara.

Gusto Guides recibió una invitación para este tour gastronómico a cambio de una cobertura independiente

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