Marisquería El Pimpi Florida: El universo en un pasillo

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Hace años, en Madrid había una cervecería que ostentaba el récord Guinness por servir la mayor variedad de cervezas en el espacio más reducido. Pues bien, en Málaga hay otro establecimiento que debería figurar en la venerable clasificación, aunque bajo la categoría metafísica del mayor número de noches inolvidables en el menor número de metros cuadrados.

No es raro presenciar nutridas colas desde un buen rato antes de que haya abierto sus puertas. Una vez dentro, la concurrencia navega por su angosto pasillo entre coplas y hits de Eurovision hasta alcanzar algún hueco donde hacerse fuerte. Y todo ello sin perder la sonrisa.

Porque a la Marisquería el Pimpi Florida se va a comer buen marisco a buen precio, pero, por encima de todo, a divertirse y a disfrutar de un ambiente único. Hay caos, bullicio, calor, escasez de oxígeno, frenesí, gente variopinta y conversaciones espontáneas.

Visualicemos algo así como la cantina de Star Wars en hora punta. De hecho, pocos turistas se atreven a participar de una experiencia tan cruda, sin domesticar. ¿Necesitas salir? Es posible que te cojan en volandas y vayas pasando de mano en mano hasta la puerta cual cantante de U2.

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¿Quieres fumar un cigarrillo? Pues métete hasta la cocina (no es una metáfora) y sal a un estrecho patio donde, de paso, podrás aspirar unas bocanadas de preciado aire fresco. Y no te olvides de saludar a Rosa Mari, la simpática cocinera que va despachando los platos a un ritmo infernal.

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El Pimpi Florida está engastado en El Palo, un barrio de pescadores de toda la vida, a las afueras de Málaga. Y el género que trabajan va en consonancia. No esperes finezza ni tapas sutiles. Nada más entrar, la vaharada de marisco a la plancha te pone sobre aviso: aquí la cosa va de patas de cangrejo, concha fina (esa voluminosa almeja malagueña que se consume en crudo), calamares servidos a cuerpo entero, carabineros descomunales y unas gambas cuyo gigantesco tamaño invita a pensar en un chute de esteroides.

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Teniendo en cuenta las aglomeraciones, los platos llegan con bastante celeridad, pero puedes ir echando mano de las fuentes de cacahuetes que hay en la barra para aligerar la espera. Si te apetece un vino, probablemente la mejor opción sea un blanco de Huelva. También hay manzanilla, fino y algún otro caldo de la tierra, sin complicaciones.

Antes de expedir el certificado de defunción a la primera botella de blanco de Huelva, y mientras la mirada aún mantiene el pulso firme, conviene echar un vistazo a los recortes de prensa. Permiten advertir la categoría mítica del local y de su antiguo dueño, Jesús López, que falleció hace apenas dos años. Él representaba la segunda generación tras la barra del Pimpi, que ahora está comandada por su hijo Pablo. López era una verdadera institución en la ciudad, y su desaparición quedó documentada por numerosos obituarios en la prensa regional. En ellos se habla de personajes de la farándula como Juanita Reina, Marifé de Triana o Imperio Argentina, que también se las arreglaron para cruzar el largo pasillo y atacar un plato de gambas hace ya décadas.

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Cuando llega la hora del cierre, es tradicional cantar el himno de la Legión. Tras entonar al unísono y a pleno pulmón la letra del “Novio de la muerte”, los presentes —entre los que se comprenden desde tardoadolescentes hasta abuelos— proceden a volver al mundo exterior, ese extraño lugar donde la gente no se saluda por la calle y no conviene levantar demasiado la voz.

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Qué tomamos
● Ración de gambas
● Calamar a la plancha
● Botella de vino blanco de Huelva
● Total: 34,5 €

Más información:
● Marisquería Pimpi Florida – El Palo
● Calle Almería, 13
● 29016 Málaga

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